Zapata y el indígenismo

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Hace poco hace 97 años (el 10 de Abril), moría Emiliano Zapata tras ser manipulado y engañado para ser abatido en una emboscada donde ni siquiera se encontraba preparado por las fuerzas estatales. Un militante, un revolucionario social que hasta el último día de vida luchó por la transformación total de la sociedad de forma conjunta con el pueblo, para alcanzar la verdadera justicia social. Zapata ,si bien nunca se definió o se tuvo conocimiento de un conciencia deliberadamente anarquista, su praxis y su lucha por la Tierra y la Libertad, son evidentemente una praxis libertaria. Además, es claro que se agrupó durante el periodo de la revolución mexicana, con gran cantidad de individuos libertarios, que variaban desde militantes del Partido Liberal Mexicano, durante su periodo comunista libertario, cuando había una enorme influencia magonista; hasta otras organizaciones como fueron las feministas libertarias, Las Hijas de Anahuac. Estos y muchos otros individuos que compartieron experiencias, charlas y luchas con Zapata fueron configurando en él, así no fuera con un discurso explícitamente anarquista, al Zapata que vendría a ser reconocido con el máxime: “La tierra es de quien la trabaja.”

La praxis de Zapata y los agrupados alrededor de él que simpatizaban colectivamente con sus métodos, se manifestó de una forma clara, cuando durante la guerra civil se pudo llevar a cabo un proyecto verdaderamente transformador en el estado de Chiapas, México. Particularmente en Morelos. Donde estaba el ejército revolucionario, solo participaba a lo mucho de coordinador, y su trabajo se relegaba casi que solo a expropiar a los terratenientes y burgueses las tierras donde llegaba, y tras liberar el espacio de la mano con las comunidades, pasaba las tierras y los medios de producción a órganos colectivos autónomos para que se encargaran de organizarse por sí mismos, por el bien de la comunidad. Un ejercicio que fue bastante exitoso, en tanto en los sectores aledaños a Morelos, la gente pasaba problemáticas de racionamiento, de conflictos sociales y políticos, entre otros; mientras en Morelos, la producción y reproducción socioeconómica no era un problema, y el tejido social y comunitario empezó a reconstruirse gracias a los arreglos voluntarios y la construcción organizativa de la sociedad de forma solidaria y cooperativa que se empezó a gestar una vez el territorio había sido liberado de parásitos, en palabras de Zapata.

Y es que fue Zapata, con su lucha agraria, por la tierra, por el territorio, que traspasaba cualquier tipo de de diferencia entre las clases bajas, lo que importaba era la libertad, la democracia, la autonomía; uno de los que vendría a enseñar a gran parte de los intelectuales del movimiento obrero con una amplia visión obrerista europeocéntrica, donde el sujeto revolucionario es solo el proletariado industrial, y otros elementos como son los indígenas, debería someterse a la lucha obrera. Zapata adoptó una visión donde el territorio es el centro de la lucha revolucionaria, ya no es un espacio objectificado, como lo vio la geografía liberal, academicista, un espacio para la explotación de recursos. En cambio, es un espacio de producción y reproducción de relaciones sociales, con un contexto económico, político, social, cultural e incluso ecológico; y es que desde su propia praxis en Morelos, cuando solo se remitía con el ejercito revolucionario a expropiar los medios productivos y dejarlos en poder de la comunidad, se veía la clara idea de que eran los mismos pueblos quienes debían organizarse, de forma colectiva y cooperativa, aún rescantado sus propios métodos de insurgencia simbólica. Esto es, sus propias construcciones mitológicas y ritualísticas, que por parte de los indígenas no siempre se han enmarcado desde la visión difusionista europeocéntrica de elementos subyugativos, por los cuales la razón claudica y somete a la ignorancia. No, si bien Zapata era crítico de los elementos especulativos, la superstición y la influencia de estos en la facilidad para oprimir a los pueblos, Zapata comprendía que cada pueblo había construido sus propias cosmovisiones, y muchas de estas, como son las de los indígenas, tienen sus elementos de contrahegemonía, de rechazo a aceptar la total asimilación cultural forzada por la hegemonía dominante, por el cristianismo, por el clero; no, sus cuentos sobre la Pachamama y el Dios fuego; sobre las prácticas comunitarias, muy en sintonía con el anticapitalismo, que van desde el trabajo obligatorio, estando solo exentos quienes no pueden, como son los niños, ancianos o enfermos; o las festividades donde la producción sobrante se consume de forma colectiva y en prácticas comunitarias, no son necesariamente subyugantes. Son formas de hacer contrahegemonía desde la misma historia que cargan ellos, de las luchas de sus antepasados y que ellos mismos tratan de no dejar desaparecer, pues es una lucha constante entre la historia de las clases subalternas, de su existencia; contra la historia dominante que los quiere hacer desaparecer como sujetos históricos, como individuos capaces de tomar sus riendas y no meramente agentes autómatas que recibieron el bien vivir, salvajes que fueron educados por los racionalistas colonialistas. Todos los mitos con elementos comunitarios, donde nosotros hemos sido creados de forma colectiva por los elementos naturales de la tierra, y tenemos nuestras profundas relaciones con el territorio y sus representaciones deificadas, no son sino las razones por la cual los diferentes pueblos indígenas se han levantado en gritos unificados por defender su territorio, sus espacios autónomos y por la construcción de espacios conjuntos de transformación.

Aquí es donde los procesos sociales y políticos,de base, a la izquierda, que buscan transforma la sociedad y que ahora en este momento deben considerar la cuestión indígena, deben cuestionarse profundamente el rol de estos en los espacios revolucionarios. Se puede rescatar las visiones zapatistas, que incluso han sido adoptadas en la actualidad por una innumerable cantidad de procesos revolucionarios, que van desde los icónicos Municipios Autónomos Zapatistas en Chiapas y su Ejército de Zapatista de Liberación Nacional, proceso organizativo de tipo libertario, que se ha vuelto un estandarte y una bandera de la mayoría de procesos libertarios y autónomos, hasta la reproducción en otros espacios comunitarios y barriales a través del globo, si bien no alcanzan tal magnitud. Y es que Zapata y su reivindicación por los zapatistas, gestó un avance en lo que respecta a indígena como sujeto histórico en la lucha revolucionaria. Esta cuestión es bastante aceptada en los sectores libertarios, pero siempre queda la duda en otros sectores más ajenos a esta metodología y praxis revolucionaria, como son los marxistas, que suelen mantener aún una visión bastante obrerista, caduca; y es que incluso algunos pensadores, desde una visión un poco más abstracta y que tocaría asentarla más en nuestro contexto histórico, ya se pensaban algo acertado que podría usarse para la cuestión indígena, como por ejemplo la visión dual de la religión y el misticismo que planteaba Gramsci. Una visión de esta, tanto como elemento subyugador, de sumisión a la ignorancia y por lo tanto, un elemento contrarrevolucionario; y por otro, desde su propia teoría de la contrahegemonía, como un elemento revolucionario, que desde sus prácticas y hábitos comunitarios y ritualísticos, construía nuevas formas de concebir la realidad, luchando contra el discurso dominante. Lastimosamente, Gramsci, por ser un abanderado de la heterodoxia marxista, suele ser en muchos casos no solo dejado de lado, sino denostado por sus visiones ‘anti-marxistas.’

La cuestión es que el indígenismo viene a ser importante a considerar en la actualidad, si bien se debió considerar desde el inicio de nuestras luchas conjuntas. Y tampoco es algo que se haya dejado de lado por parte de los revolucionarios colombianos. Ya a finales de los 80, y a través de los años 90, ciertos colectivos anarquistas como el Proyecto Cultural Alas de Xue llevaron a cabo una sincretización de las ideas anarquistas con las diferentes praxis políticas que llevan a cabo varias comunidades indígenas colombianas. De hecho, más que sincretizar, fue encontrar las manifestaciones libertarias en todas sus expresiones orgánicas y sociales, desarrollar un anarquismo más acorde al contexto de nuestra población. Es así que el PCAX se vuelve un pionero en lo que sería el anarcoindianismo, no solo en Colombia, sino en Latinoamérica, e incluso en Hispanoamérica. Sus investigaciones sobre Juan Tama, Quintín Lame y las diferentes organizaciones de base en el Cauca, permitieron ver que los diferentes principios anarquistas se manifiestan también en estos, sin necesidad de una retórica explícitamente libertaria. Pero sabemos que la lucha revolucionaria es un proceso de aprendizaje continuo, de prueba y error, de construcción y deconstrucción. Es importante porque vemos que hoy en día muchos procesos autónomos y revolucionarios están siendo abanderados desde sectores indígenas, y los diferentes movimientos sociales y organizaciones militantes están en un estado de ambivalencia, sobre si nuestras luchas son antagónicas, conflictivas o pueden unirse; y la pregunta en sí ya es muestra de un desconocimiento de los procesos que se llevan a cabo.

Para el caso Colombiano, la lucha indígena que se ha enmarcado en diferentes sectores del Cauca es importantísima. Si bien hay grandes organizaciones que aparecen alrededor de los procesos de transformación que se dan en el Cauca, como son la ACIN (Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca) o el CRIC (Consejo Regional de Indígenas del Cauca), sin desconocer la importancia histórica que tienen estas organizaciones como otras organizaciones de menor magnitud, se hará mejor un análisis los proyectos políticos que se llevan abajo, en las colectividades que se conocen y se reconocen en la transformación, más allá de que adhieran o no a estas organización u otras organizaciones, y que participen de la transformación autónoma de los territorios.

Estas transformaciones son envidiables en muchos puntos: van desde la lucha incansable por una educación autónoma, que sea la misma comunidad quien pueda desarrollar desde su propio contexto, su propia naturaleza comunitaria, la educación que se va a llegar a cabo; en lugar de someterse está a esquemas y estándares importados. Los avances son notables, pues en la actualidad en las escuela se rescata la historia indígena, olvidada incluso en las universidades urbanas. Se trata de desaparecer la división entre el trabajo intelectual y el manual, que no solo tiene repercusiones en cuanto a la producción de la ciencia y de productos para la comunidad, sino también en cómo se va difuminando el elitismo del científico con respecto al obrero, campesino o indígena. Están procesos más avanzados de educación autónoma, como es la Universidad Misak en Guambía, por parte de la comunidad Misak; o están proyectos de contracultura, de contrahegemonía mediática, por parte de Tejido de Comunicaciones, el cual agrupa estaciones de radio como Nasa Stereo y Radio Payumat, páginas web e incluso distribución de publicaciones físicas en muchos casos.


Pero, sin minusvalorar estos y muchos otros procesos organizativos autónomos y revolucionarios por parte de los sectores indígenas, se rescata con mayor vehemencia lo que la comunidad Nasa, en apoyo con muchos otros sectores indígenas y la solidaridad de varias agrupaciones de base, que han venido llevando a cabo desde diciembre del 2014 el Proceso de Liberación de la Madre Tierra, si bien desde el 2005 la comunidad del Resguardo de Huellas ya había liberado la Finca la Emperatriz, pero fue desde el 2014 que empezó ya un proceso más sistemático. Lo que se llama La Liberación de la Madre Tierra, que es el proceso de acción directa, por el cual los indígenas, cansados de la burocracia y el abandono estatal, de la manipulación, de la persecución y el despojo de tierras por parte de gamonales y terratenientes, empiezan el proceso de recuperación de tierras, por encima de esa herramienta burguesa que es la ley, la jurisprudencia y retornan el territorio a quienes en realidad lo necesitan, lo merecen, lo deben tener: A la comunidad. Este proceso que inició en Caloto y Corinto, ya se ha incrementado a otros tres puntos de liberación, así que para inicios de este año ya había cinco puntos de liberación en el Cauca, y seguro que seguirá creciendo este proceso de transformación, donde el foco de la lucha es la recuperación de la tierra, por y para las comunidades.

Es así, como nosotros no solo rescatamos a Zapata, a los zapatistas, sino que también nos unimos al grito de las comunidades indígenas del Cauca, esperando que también se nos unan todos los sectores populares, en un gran grito por la liberación del CXAB WALA KIWE, que significa la liberación del Territorio del Gran Pueblo, y que va en sintonía con el propósito de unidad que están planteando en esta temporada, las diferentes organizaciones indígenas del Cauca, de formar la Minga Social, que es una construcción programática unificada para luchar por la transformación social. Porque los indígenas no se plantean una liberación fraccionada, porque desde que ocuparon la Hacienda la Albania a finales del año pasado y tuvieron disputas con las comunidades Afrodescendientes de Pílamo, porque vienen esperando 20 años para que la institucionalidad les conceda predios dentro de esta Hacienda; invitaron con todo el corazón a estas comunidades a no dejarse manipular por la institucionalidad y participar conjuntamente de la acción directa de recuperación de tierras. Porque así mismo, vienen tratando de gestar un proceso de autoorganización conjunta en los sectores de Buenos Aires y Suarez, con las diferentes comunidades afrodescendientes del sector, para gestar una provincia libre y autónoma, indígena y afro, y también, con ansias de que el sector campesino se una y sigamos construyendo la armonía popular que nos permitirá transforma socialmente en búsqueda de la sociedad que queremos.

Que no se nos olvide jamás, las palabras de Zapata en su Manifiesto a la Nación:

Es más, el burgués no conforme con poseer grandes tesoros de los que a nadie participa, en su insaciable avaricia, roba el producto de su trabajo al obrero y al peón, despoja al indio de su pequeña propiedad y no satisfecho aún, lo insulta y golpea haciendo alarde del apoyo que le prestan los tribunales, porque el juez, única esperanza del débil, hallase también al servicio de la canalla; y ese desequilibrio económico, ese desquiciamiento social, esa violación flagrante de las leyes naturales y de las atribuciones humanas, es sostenida y proclamada por el Gobierno, que a su vez sostiene y proclama, pasando por sobre su propia dignidad, la soldadesca execrable.

El capitalista, el soldado y el gobernante habían vivido tranquilos, sin ser molestados, ni en sus privilegios, ni en sus propiedades, a costa del sacrificio de un pueblo esclavo y analfabeta, sin patrimonio y sin porvenir, que estaba condenado a trabajar sin descanso y a morirse de hambre y agotamiento, puesto que, gastando todas sus energías en producir, tesoros incalculables, no le era dado contar ni con lo indispensable siquiera para satisfacer sus necesidades más perentorias.

Semejante organización económica, tal sistema administrativo, que venía a ser un asesinato en masa para el pueblo, un suicidio colectivo para la Nación y un insulto, una vergüenza para los hombres honrados y conscientes, no pudieron prolongarse por más tiempo y surgió la Revolución, engendrada, como todo movimiento de las colectividades, por la necesidad.

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