Persistencia y organización para la liberación de la tierra

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Entre el 14 y 16 de diciembre del 2014, en el municipio de Corinto, los indígenas Nasa iniciaron el proceso de liberación de 2000 hectáreas que se encontraban bajo el dominio de INCAUCA. Pasado año y medio, y pese a los reiterados intentos de desalojo por parte del ESMAD y el ejército, utilizando tanques, helicópteros y tractores contra las comunidades indígenas, las fincas Quebrada Seca, Miraflores, García Arriba, García Abajo, los Cultivos y Granaditas continúan hoy en proceso de liberación.

El costo que han tenido que pagar las comunidades indígenas por cuenta de la violenta represión del Estado ha sido alto: en los dos primeros meses de lucha se presentaron 60 indígenas heridos, entre ellos cinco por armas de fuego (1). Ya para el 20 de noviembre del 2015 se registraron 130 indígenas heridos (2), hoy la cifra ha subido a 250 indígenas heridos. Además, la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (ACIN) ha denunciado amenazas contra el Gobernador y las autoridades del cabildo de Corinto. Se sabe también que se le ha puesto precio a la vida de los indígenas que participan de la liberación, esto es, a toda la comunidad. Ofrecen dinero por asesinar a cualquier autoridad del cabildo y un monto menor por el asesinato de cualquier comunero o comunera (3). El movimiento de liberación de la tierra en el Norte del Cauca necesita del apoyo y solidaridad de todas las organizaciones populares para continuar su lucha, para que su proceso de resistencia contra el gran capital agroindustrial no quede aislado ante las constantes agresiones de ingenios y terratenientes.

En contraposición a la violencia ejercida por el Estado, la resistencia indígena es pacífica, la violencia sólo es utilizada como medida de autodefensa contra los desproporcionados ataques de las fuerzas policiales. La estrategia indígena consiste en permanecer en los territorios, construir asentamientos, establecer allí espacios de encuentro y vida comunitaria, como en la realización de cultivos de maíz, frijol, plátano y ahuyama, sembrados a partir del llamado comunitario a la realización de mingas de resistencia. Su victoria avanza cuando se acerca el tiempo para recoger la cosecha en los territorios en disputa, liberando la tierra del monopolio extensivo de los cultivos agroindustriales de caña que dañan los suelos y de la utilización intensiva de diversos agroquímicos que contaminan las fuentes de agua. Por ello, de manera periódica, el ESMAD, apoyado por el ejército y por grupos de corteros pagados por los ingenios, suben a las zonas de cultivo, destruyendo asentamientos y sembrados, evitando a toda costa la cosecha. Pero los terratenientes también se esfuerzan por mantener en las fincas en disputa los cultivos de caña para la producción de biocombustibles, sin embargo, antes que la caña madure, los indígenas Nasa hacen su tradicional llamado a mingas de resistencia, y la comunidad en general, hombres y mujeres, trabajan juntos armados de machetes o de fuego para destruir los cultivos de caña, fortaleciendo en el proceso sus lazos sociales y afectivos. Así, el paisaje de las tierras en disputa se va transformando de acuerdo al estado de los enfrentamientos, en algunas ocasiones se expanden los cultivos agroindustriales y tóxicos, mientras que en otro momento dominan los cultivos de alimentos limpios.

Entre la tierra dedicada a la producción toxica o dedicada a la reproducción de la vida, la lucha de las comunidades indígenas deviene en una estrategia de aguante y resistencia por permanecer en los territorios. Los que llevan la peor parte son los grandes propietarios de la tierra, ya que incurren en cuantiosas pérdidas económicas con cada cultivo destruido, más la movilización de recursos en cada intervención masiva de las fuerzas de represión del Estado. Los indígenas Nasa asumen el reto de la resistencia por el territorio sustentados en la fortaleza de su organización, desde las asambleas horizontales de base, autentica fuente de poder del movimiento indígena, pasando por las estructuras administrativas de los cabildos, hasta las organizaciones de confluencia como la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (ACIN) y la organización de carácter departamental, el histórico Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), que desde 1971 le ha dado gran impulso y fortaleza a la lucha por la liberación de las tierras de los resguardos en todo el Cauca.

Con el tiempo es previsible que el desgaste de los terratenientes le otorgue la victoria al movimiento indígena, pues aquí la fuerza del capital es derrotada por comunidades que viven inmersas en una auténtica cultura indígena de la resistencia, que atraviesa los discursos, las fiestas, la música y las prácticas cotidianas, lo que le otorga gran fuerza a las formas de organización política, permitiendo que la lucha se pueda extender durante años sin que disminuya el espíritu combativo de las comunidades.

Sobre el apoyo comunitario a la lucha por la tierra, un miembro de la Guardia Indígena o Kiwe Thegcna, frente a la pregunta “¿Qué participación tiene la comunidad en los procesos de liberación?” respondió:

Pues mucho, porque en la liberación le toca participar, le toca estar pendiente. Aunque no estén aquí, mucha gente está en la parte de arriba, pero ella está pendiente alguna cosa que a nosotros nos pase, entonces hay mismo vienen a auxiliarnos, vienen a darnos como ese apoyo, cuando hay algún ataque grave aquí, porque aquí ha habido ataques serios, mejor dicho hasta ahoritica llevamos 16 ataques. Y pues el gobierno era diciendo, y también el municipio, porque nosotros tenemos un alcalde que con nosotros no está de acuerdo. Y él decía que nos sacaba en dos días, máximo dos días, y él firmó unos acuerdos con los ingenios, porque apoyaba que a nosotros nos sacaran, y ya hace un año que hubiera podido sacarnos, ¡y no nos sacará!, ya que aquí se aprendió a convivir…nosotros nos pusimos a sembrar arto maíz pero nos lo acabaron, pero ahorita ya toca volver a sembrar el maíz” (4).

La participación comunitaria no se detiene en prestar apoyo en momentos de ataque o emergencia al proceso, la comunidad de base participa voluntariamente de todas las mingas de resistencia, ya para cortar la caña del terrateniente o incendiarla, ya para sembrar. Pero además su voz es decisoria en las asambleas horizontales y deliberativas, en donde se determina la suerte de las autoridades de los cabildos, se establece la dirección de la inversión de los recursos y se decide sobre los procesos de liberación de la tierra, lo que recibe el apoyo unánime de la comunidad.

Redacción: Rebeldía Contrainformativa

Referencias:

1- Bautista Mirian. Tierra y conflicto en el Cauca. Razón Pública. Abril 16 de 2015.

2- ACIN. Denuncia Pública. Se recrudece la represión y el terror. Ofrecen cuantiosas sumas de dinero por asesinar a líderes y comuneros. 20 de noviembre del 2015. http://www.nasaacin.org.

3- Ibíd.

4- Fragmento de la entrevista realizada al Coordinador del sector uno del proceso de liberación de la madre tierra en Corinto Cauca. Por la seguridad de los entrevistados no se publica su nombre. Entrevista realizada el 7 de diciembre de 2015. Código de vídeo 2163.

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